Pues pensando en todo el rollo de la feminidad y de la pérdida de ésta he llegado a algunas conclusiones, estoy de acuerdo en que la feminidad ya no es tan visible en las mujeres como antes, pero pienso que esto tiene que ver en gran medida con la cultura y el modo de vida al que debemos seguir. Las condiciones ahora son mucho más agresivas y exigentes, desde el momento en que una mujer debe salir a trabajar porque el sueldo del padre ya no es suficiente comienza a dejar su feminidad en casa y lleva consigo la fuerza para salir a un mundo de competencias; sus preocupaciones van más allá del menú del día, del aseo en casa, de la atención a sus hijos a su marido y a ella misma, ahora piensa en trabajo, piensa en estrés, piensa en lidiar con situaciones tan variadas, en problemas del trabajo, de casa, de su matrimonio, de su familia. En este momento papá y mamá ahora funcionan de la misma manera.
La tecnología y los medios comunicativos son otro factor importante. Nos han vendido una imagen de la mujer tan falso y vacio y que a muchas otras mujeres les afecta de manera tan radical que dejan de sentirse femeninas. Una mujer alta, delgada (por no decir esquelética con el vientre plano), talla 3 quizá, probablemente rubia, trasero firme, piel y dientes perfectos, un buen maquillaje, un vestido entallado y zapatillas altas; es esta la imagen de la mujer perfecta que las revistas, la tv, los diseños de ropa nos presentan; so ¿si tenemos una llantita por aquí o por allá, si no somos altas, si no tenemos el cuerpo esbelto… no somos bellas, no somos mujeres? Claramente no es así, si analizamos lo que verdaderamente nos hace ser mujeres, sin embargo comenzamos a ver a la feminidad como sinónimo de “mujer bella” y la rechazamos.
Culpo un poco a los hombres de esta pérdida o más bien de este malentendido, si bien se asume que lo femenino tiene que ver formalmente con esta sensibilidad, fragilidad, comprensión y otros atributos es porque así han sido naturalizados como específicos de la mujer y que al mismo tiempo tienen que ver con la relación que hay entre feminidad y masculinidad, una dualidad que igualmente ha terminado. Los hombres han perdido su tono romántico, atento y sutil, volviéndolo más frívolo, directo y mecánico. Se han olvidado de que existen flores, de que existe la poesía, la noche, la luna, las alas… ¿cómo quejarse de ausencia de musas? si las musas se esconden porque ya no hay poetas. Las musas seguimos aquí, seguimos siendo igual de sensibles aunque no lo parezca, sólo que nos hemos adaptado al trato que los hombres nos han acomodado y ahora nos portamos como ustedes. Sí hablamos como ustedes es porque así nos han hablado a nosotras, y si rechazamos ese concepto de feminidad es porque no estamos de acuerdo con él, para nosotras mujeres o al menos para muchas de nosotras, ser femenina va más allá de aquella construcción social, ser femenina es volar sobre esas alas que nosotras mismas nos creamos, es seguir volando y luchando, pelear por lo que nos interesa, defender lo que sentimos, expresar lo que pensamos, gritar cuando se nos dé la gana, ser frágil, ser sensible y llorar cuando sea necesario, y claro ser romántica, cursi, ser amada y amante…